Suelo recordar algo que le leí hace años al crítico de televisión del semanario satírico francés Le Canard Enchaîné. Según él –un tipo brillante, acerado, sin pelos en la pluma–, los debates de televisión son “esencialmente imbéciles” porque –escribía– “en televisión, toda exposición argumental que dure más de tres minutos resulta insoportablemente pesada. Pero toda exposición argumental sobre algo mínimamente complejo que dure menos de tres minutos resulta insoportablemente superficial”.
De lo que él deducía que la televisión, sencillamente, no tiene remedio.
De
la columna del diari Público de Javier Ortiz.
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